La Pradera
Análisis del grano
Datos de cata
Actividad de agua (Aw): 0,542
Sobre la finca
La Pradera
Ubicada en el municipio de Aratoca, en el departamento de Santander, Hacienda Cafetera La Pradera es uno de los proyectos de café orgánico más reconocidos de Colombia. La finca se encuentra sobre las laderas del Cañón del Chicamocha, un entorno único que combina un clima de montaña con la influencia de los vientos cálidos del cañón y las temperaturas más frescas de las zonas altas, creando un terroir muy particular para el cultivo del café.
La propiedad está dirigida por Óscar Daza Bautista, tercera generación de una familia caficultora que lleva más de un siglo vinculada al café. Bajo su dirección, La Pradera ha evolucionado desde una finca tradicional hacia un modelo de producción basado en la agricultura regenerativa, la biodiversidad y la producción de cafés de especialidad certificados. Actualmente, el proyecto familiar gestiona un conjunto de fincas que suman cerca de 185 hectáreas, mientras que La Pradera cuenta con alrededor de 80–85 hectáreas dedicadas principalmente al café, además de otros cultivos complementarios.
Uno de los pilares del proyecto es su compromiso ambiental. La finca produce café bajo un sistema agroforestal, donde los cafetos crecen protegidos por más de 15 especies diferentes de árboles de sombra. Este manejo favorece la conservación de la biodiversidad, mejora la fertilidad del suelo, regula la temperatura del cultivo y proporciona un hábitat para aves migratorias y fauna local. Gracias a este enfoque, La Pradera cuenta con certificaciones Orgánico (UE, USDA y JAS), Bird Friendly del Smithsonian y otras certificaciones internacionales de sostenibilidad.
Además del café, la finca integra plataneras, cítricos, árboles maderables y producción avícola, creando un ecosistema agrícola diversificado que reduce la dependencia del monocultivo y mejora la resiliencia del sistema productivo. Los residuos orgánicos generados durante el beneficio del café se reutilizan para producir compost, mientras que el manejo de aguas y suelos forma parte de una estrategia de agricultura regenerativa orientada a preservar los recursos naturales
Sobre la región
Santander ocupa un lugar único en la historia del café colombiano. Considerado uno de los primeros territorios donde se estableció el cultivo de café en el país, su tradición cafetera se remonta al siglo XVIII, cuando las primeras semillas llegaron desde Venezuela y comenzaron a cultivarse en las montañas del nororiente colombiano. Desde entonces, el departamento ha desarrollado una identidad cafetera propia, basada en la disciplina de sus productores y en un sistema de cultivo adaptado a las condiciones de la cordillera Oriental.
A diferencia de otras regiones cafeteras de Colombia, Santander se encuentra sobre la cordillera Oriental de los Andes, donde el relieve montañoso, las altitudes comprendidas entre los 900 y los 2.300 metros sobre el nivel del mar y los suelos de origen volcánico y sedimentario crean unas condiciones excepcionales para el cultivo del café arábica. Municipios como Aratoca, Los Santos, San Gil, Curití o Zapatoca se han convertido en referentes por la calidad de sus cafés.
Uno de los rasgos que diferencia al café santandereano del resto de Colombia es su sistema tradicional de cultivo bajo sombra. Los cafetos crecen protegidos por árboles nativos y especies forestales que regulan la temperatura, reducen el estrés hídrico y favorecen una maduración más lenta y uniforme de las cerezas. Este manejo agroforestal, profundamente arraigado en la región, contribuye a conservar la biodiversidad y proporciona unas condiciones ideales para desarrollar cafés con una gran estabilidad y equilibrio sensorial.
En 2014, el Café de Santander obtuvo la Denominación de Origen Protegida, reconocimiento que certifica que las características del café están directamente ligadas a las condiciones geográficas, climáticas y culturales de la región. Los cafés amparados por esta denominación se distinguen por ofrecer una taza limpia y balanceada, con cuerpo medio-alto, acidez media, un dulzor pronunciado y notas que recuerdan al chocolate, los frutos secos, las hierbas aromáticas, los cítricos suaves y las frutas maduras. Este perfil, menos explosivo que el de regiones como Huila o Nariño, destaca por su gran elegancia y consistencia.